jueves, 16 de octubre de 2008

LA MEMORIA: PUESTA A PUNTO (3)

Como ya dije, en su manual “Educación de la memoria musical”, Rodolfo Barbacci distingue varias “memorias”: la muscular y táctil, la auditiva, la visual, la nominal, la rítmica, la analítica y la emotiva. A cada una de ellas le dedica un apartado exclusivo haciendo una amplia exposición de su visión y experiencias personales, ofreciendo además en algunos casos un amplio repertorio de ejercicios enfocados al entrenamiento y la enseñanza. Independientemente de que algunos de sus planteamientos pueden ser más o menos discutibles, sobre todo a la luz de descubrimientos científicos posteriores a la publicación de su libro, es indudable el valor de sus aportaciones. Yo por mi parte voy a ofrecer mi opinión personal sobre los que son, a mi modo de ver, no tanto memorias aisladas sino los diferentes planos de una única facultad manifestados de acuerdo a la necesidad.

Comenzaré por la que él identifica como “memoria muscular y táctil”, definiéndola como “la facultad de poder ejecutar movimientos rápidos y complicados, sin necesidad detener que pensar en ellos”. A esta definición cabría hacerle una primera precisión, y es que el entrenamiento y mejor desarrollo de esta facultad no ha de enfocarse sólo y necesariamente a la consecución de los mencionados “movimientos rápidos y complicados” ya que eso dejaría fuera a toda obra que no incluyera esa categoría de movimientos. Sin duda esto es una obviedad pero me parece oportuno hacer esta puntualización.

En este nivel o plano de la memoria aplicado a la ejecución se entrenan y desarrollan todos los aspectos motores gruesos y finos, así como las percepciones de equilibrio y colocación de nuestro cuerpo, y el correcto funcionamiento armónico de nuestros músculos, tendones y articulaciones a través de los sistemas cinestésico, propioceptivo y exteroceptivo. No cabe duda que cuanto mayor y mejor contacto interno tengamos con nuestro cuerpo mejor funcionaremos con el instrumento. Ello nos dará como resultado un adecuado nivel de sincronización entre ambas manos, siendo todo ello gobernado por nuestra unidad central: el cerebro.

Conviene si embargo que los movimientos que han de realizarse sean registrados de forma pormenorizada, ya que es deseable que en ningún momento nada sea confiado al azar. De ahí la importancia de estudiar, independientemente de que se tenga un alto nivel como ejecutante, lenta y detalladamente todos y cada uno de estos, siguiendo siempre una digitación previamente diseñada y planificada.

Llegados a este punto considero útil introducir un comentario acerca de la práctica de una disciplina que a mí personalmente me resultó muy beneficiosa. Me refiero concretamente al Tai-Chi, arte marcial chino que en su aspecto gimnástico ha de entrenarse de forma muy lenta, pausada y continuada. Este sistema de entrenamiento he venido aplicándolo a mi trabajo cotidiano con la guitarra de manera tal que cada sesión de estudio es como una tabla de Tai-Chi en la cual detallo cada unos de los movimientos implicados, ocupándome de que todos estén correctamente coordinados y formen un “continuum”. Esta pormenorización en los movimientos guarda una cierta similitud, desde el punto de vista conceptual, con las paradojas del filósofo griego Zenón de Elea dado que se puede considerar que entre dos estadios diferentes de un movimiento global siempre habrá estadios intermedios que igualmente tendrán que ser procesados por nuestro cerebro. Cuanto más nos ocupemos de ellos con ese estudio lento y disciplinado más rápidos y sólidos serán los resultados obtenidos, y por lo tanto la pronta memorización de lo estudiado está garantizada. Ni que decir tiene que todo ello ha de combinarse adecuadamente con el análisis previo de la obra objeto de estudio y los otros planos memorísticos, que se movilizarán simultáneamente. Invito a todo aquél que lea este artículo, y que encuentre este planteamiento novedoso, a que lo experimente. A mí me lleva años funcionando de forma excelente. ¡Pruébelo y me cuenta!