martes, 7 de octubre de 2008

LA MEMORIA: PUESTA A PUNTO (2)

En mi anterior artículo hablaba de la necesidad del entrenamiento de la memoria, ya que es una de las grandes herramientas con las que debe contar un buen profesional. Y uno de los medios del que se tiene que valer el estudiante para cultivarla es la constancia en el trabajo. Muchas veces – con demasiada frecuencia, diría yo – éste incurre en el gravísimo error de estudiar “a salto de mata”, es decir sin método, indisciplinadamente, sin poner la adecuada atención a lo que está haciendo y sin constancia. La Naturaleza nos ofrece claros ejemplos de los efectos de la Constancia. Una gota cayendo desde lo alto de una cueva “sin prisa, pero sin pausa” va dejando un depósito sedimentario que puede llegar a formar hasta una columna. Igualmente tal y como dice Ovidio en su obra “Las Pónticas”: “la gota de agua cava la piedra” – por su constancia – añado yo. En pocas palabras, una acción constante conduce inevitablemente a un resultado tangible, mensurable. Del estudio diario se obtendrán por lo tanto siempre unos frutos más o menos apreciables siempre y cuando se haga con disciplina, método, constancia y, sobre todo, atención. Éste no debe limitarse a la repentización de la partitura esperando que de tanto repetir lo escrito se termine grabando de forma indeleble en la memoria, ya que no siempre es así. Puede ser entonces que se estén descuidando esos factores determinantes, para conseguir el fin deseado, de los que he hablado más arriba.
El estudiante debe comprender la importancia de auto-disciplinarse, es decir, de auto-imponerse una serie de normas, un método que regule todo su trabajo y desarrollarlo con el mayor grado de atención posible. Sin duda ésta vendrá condicionada por el interés hacia lo que se estudia. Si no hay interés difícilmente podrá haber atención. De la lectura comprensiva y análisis interpretativo de la pieza en estudio se habrá de derivar la posterior planificación para abordarla. En este análisis se distinguirán tonalidad, modulaciones, secciones, articulaciones, diseños empleados, digitación, etc., haciendo las anotaciones que se precisen en la propia partitura. Este proceso previo ha de ser incentivado y supervisado por el profesor, adecuándolo siempre – no podría ser de otra forma – al nivel de conocimientos del que en ese momento goce el alumno. Con toda la información obtenida hasta el momento se partirá con más confianza y el estudio y posterior memorización habrán de resultar más cómodos, siempre y cuando se observen rigurosamente todas las indicaciones anotadas. De todas ellas la que tiene una vital importancia, para favorecer una pronta memorización, es la digitación. No tiene ningún sentido ejecutar en el proceso de estudio un mismo pasaje cada vez con una digitación diferente. De hacer esto la memoria motora – que, recordemos, se encuentra en fase de entrenamiento – se verá sometida a un conflicto del que probablemente no saldrá airosa. Diferente es para los profesionales que después de tantos años de experiencia disfrutan del suficiente bagaje para escoger sobre la marcha, dado el caso, la digitación más conveniente. Hay que hacer comprender al estudiante que la digitación es una especie de “coreografía” de dedos que debe ser debidamente planificada y posteriormente respetada, ya que de no hacerlo así nada garantiza avances significativos en el aprendizaje y dominio del instrumento. La memorización plena de las obras en estudio no se conseguirá y por lo tanto tampoco su asimilación, con lo que la musicalidad a la hora de interpretarlas se verá seriamente resentida, lo que repercutirá negativamente en la interacción entre intérprete y público. Para terminar de hacerle consciente de la importancia de tener memorizadas las obras y, como digo yo, “metabolizadas” para su posterior “transmisión coherente”, cabrá hacerle la siguiente pregunta: ¿Cuántas veces se ha visto en la representación de una obra de teatro, en una película, en un ballet, etc. que los intérpretes lleven en la mano los papeles con el guión de lo que tienen que decir o hacer en cada momento? Ya sabemos la respuesta, ¿verdad?