miércoles, 24 de septiembre de 2008

LA MEMORIA: PUESTA A PUNTO (1)

Uno de los “grandes problemas” con los que se enfrenta el guitarrista en su época de estudiante que repercutirá en su posterior quehacer como profesional es el del entrenamiento de la memoria. El origen de “este problema” es más una cuestión de actitud que de aptitud o de incapacidad personal. Es más una cuestión de “contar páginas y ver todo lo que hay que meterse en la cabeza y asustarse porque se piensa que no se va a ser capaz”, o de pura y simple autosugestión aderezada con un “pellizco” de pereza. A partir de ahí no pocos “ponen más carne en el asador” de la “repentización” y descuidan de forma “irresponsable” – casi cobarde, diría yo – la memorización.
Nada tengo en contra de la repentización, recurso de primer orden con el que debe contar cualquier profesional que se precie y cuyo entrenamiento los profesores debemos incentivar en los alumnos. Pero desatender de forma tan radical el entrenamiento de la memoria supone una conducta que pasa una factura inmediata: al no haber sido procesada la obra de forma correcta – como digo yo, “metabolizada” – el alumno nos ofrece una colección de sonidos inconexos, con amplios espacios muertos – en los que se ocupa de “repentizar” las notas que repentizó y no memorizó – que pretende ser la interpretación musical de aquello que está escrito en la partitura, espectáculo al cual el profesor asiste con demasiada frecuencia con no poco estupor y desazón.
Es fundamental hacer comprender al estudiante que en el proceso de estudio de una obra entran en juego diferentes niveles de procesamiento memorístico, todos ellos de gran importancia. Que sólo va a ser capaz de tocar aquello que previamente ha estudiado y asimilado en profundidad – con análisis formal e interpretativo previos –acorde al nivel de desarrollo y conocimiento en el cual se encuentre. E igualmente que no sólo se procesa y memoriza la información de forma nominal y visual o, incluso, auditiva, sino en otros niveles mucho más sutiles y no perceptibles de forma inmediata. Me refiero, entre otros a las memorias motora y táctil.
El musicólogo y compositor argentino Rodolfo Barbacci en su muy interesante opúsculo “Educación de la Memoria Musical” distingue siete niveles o aspectos de la memoria: memoria muscular y táctil, memoria auditiva, memoria visual, memoria nominal, memoria rítmica, memoria analítica y memoria emotiva. A cada uno de estos aspectos de la memoria dedica un capítulo, a cual más interesante, dando explicaciones pormenorizadas en cada uno de ellos e incluso recomendaciones y ejercicios. Y aunque se pueda discrepar sobre algunos de los argumentos expuestos por el autor, en realidad muy pocos, considero que este libro es una de esas pequeñas “gemas” que no debería faltar en nuestra librería especializada. En subsiguientes entregas haré breves reseñas sobre cada una de las “memorias” planteadas por Barbacci en su manual, para contribuir, en la medida de lo posible, a la mentalización de que hay que hacer a la memoria recuperar el terreno perdido y favorecer su “puesta a punto”.